ojalá te hubieras querido aunque fuese un poquito más
y así yo no tendría que haberme sentido con el peso de quererte el doble
por mi
y por ti
ojalá te hubieras querido aunque fuese un poquito más
y así yo no tendría que haberme sentido con el peso de quererte el doble
por mi
y por ti
Te escribiré como antaño;
sin clave, sin ton, ni verso,
ante sucesos adversos
que vivifican el daño.
Ya todo parece extraño,
cuando me llevo a la boca
la miel que hoy no te toca;
los restos de lo que anhelo.
Ni un sentido es ya consuelo
si en mí todo aún te evoca.
Este sentir es extraño:
siempre ajena de derecho.
Con una serie de hechos,
de una vez, todo lo empaño.
No reconozco el engaño,
pues lo inunda la tristeza,
mi sesera que tropieza
a cada paso con tu piedra.
Déjame trepar la hiedra
cuando aparte la maleza.
Está lloviendo a mares. Quiero que la lluvia limpie todo lo que soy y siento, todo lo que he sido.
Si cierro los ojos, aún puedo escuchar el sonido de las olas del mar desde nuestra casa en Las Eras y con lo poco que te gustaba a ti el agua...
- ¿Alguna vez has sentido como que necesitas joderlo todo? ¿Que necesitas tomar todos esos hilos, enrollarlos, y empezar a correr? Meterte dentro del círculo, con tu ovillo de lana desbaratado, y pasarlo por delante de unos, y de otros. Y seguir corriendo para que nadie pueda seguirle la pista, que desenrrollarlo se vuelva una tarea casi inverosímil y absurda...
- No, no me ha pasado.
- ¿Por qué a nadie más le pasa?
Ojalá pudiera aún verte
como un día creí que eras
en las benditas esperas
que me sabían a muerte.
Y ahora no hay quien intente
devolvernos a ese estado
pues todo lo que fue dado
es algo que ni yo entiendo;
cuanto más fuerte el estruendo,
yo más te quería a mi lado.
Si no fue lo que sentías
ni tampoco mis torpezas,
me romperé la cabeza
en las noches más vacías,
fingiendo que aquellos días
fueron simplemente un juego,
volviéndome, como el fuego,
cada vez más encendida.
Soy una desconocida
para tu impasible ego.
Al menos no fui valiente;
no pude ni intentarlo.
No me dio tiempo a salvarlo,
ni llegó a ser suficiente.
Ahora arden en mi mente
tus salvajes ironías
convirtiendo en poesías
tu mirada y sus contrastes.
Por suerte no te dejaste
querer como yo quería.
-Y con ello, me salvaste.-
Hay gente a la que parece que tienes que estar mendigándole que se alegren de verdad por ti. Personas con las que tienes que reducirte continuamente, como si la amistad, o el amor, o como quieras llamarlo, se basara en eso: en pretender que eres menos de lo que eres. En hacerte pequeñito, o pequeñita.
¡Como si el amor no fuera más que que te haga feliz la felicidad del otro! ¿Es que hay acaso algo más bonito y puro que eso? Si no es eso el amor, en cualquiera de sus formas, dime qué es.
Porque hay mucha gente que dice amar y me niego a creerlo. Me niego a creer que eso sea amor. Me niego a creer que sólo puedas demostrarme que de verdad me quieres cuando soy menos. Porque yo no quiero ser menos al lado de alguien. Yo quiero que me lleven a ser más. Y si no, créeme que eso no lo quiero.
No pienso creer que me hayan querido así. No quiero mancillar así la palabra que denomina a lo más bello que jamás he sentido y que podría llegar a sentir.
Y tengo mis dudas, porque claro, quizá haya quien realmente crea eso. O no sé, quizá es más como algo que se padece, como un bicho que se va apoderando de tu alma, algo que no se puede elegir. Quien sabe. Si ese es el caso, me da pena. Me da pena que haya quien solo conozca el amor que nace desde el miedo. El amor que se mendiga. El amor que duele.
Pero me cuesta entenderlo. ¿No sería ese el camino difícil? ¿No se supone que debería salirte solo? ¿Qué ha hecho la vida con nosotros para llevarnos al punto en el que es más fácil querer con recelo que hacerlo de verdad?
Después de tanto tiempo, solo hay una cosa que puedo tener clara. Que si es ese el amor que puedes ofrecerme, seas quien seas, lo siento en el alma pero... Yo eso no lo quiero. Ni lo voy a querer jamás.
Esta culpa me va a perseguir siempre, como un rayo incesable y sagaz que conoce mi camino mejor que yo misma.
Hacer sacrificios. -¿Qué es un sacrificio?-. No herir. No herir, no herir, no herir. Eres una hija de puta. Vas a hacerles daño. Les harás añicos, como a todo lo que tocas.
Que si pienso en mi por eso, que si no, por todo lo contrario. Que si mi poder está en hacer daño, que si se halla ahí el ingenio, no hay nada que hacer. Porque mi destino está escrito, y el diablo me aguarda en sus mejores sueños.
El daño que hago cuando no hago daño. El daño potencial. El daño de antes del daño.
A veces me pregunto si estoy tratando de hacerle un favor a quien me mira o si en realidad solo me lo hago a mí misma. ¿Sales más damnificado cuando es a mí?
Si la empatía en exceso en realidad es dolor... ¿Duele más la precisión o la opacidad?
¿Son mis huellas selladas en tu espalda las que tomaron la daga de tu última noche?
Vivo toda mi vida fingiendo ser la protagonista de una obra aparente. Una obra fúnebre cuyos espectadores deben terminar de armar los hilos. Que narrarán en sus cabezas. Uno a uno. Que marcarán con su tinta en mi sien.
Y así quedará escrito.
El día de mi despedida, cuando sucumba a los encantos de la lóbrega llama, ¿qué quedará?
Confío en que queden los rayos entre las sombras. Que verme arder haga morir cada pecado. Que no quede en mi un ápice de vildad. Que coloque sobre mí quien me ha amado un níveo manto que esconda y haga olvidar cada impureza.
Que por fin pueda ser libre de lo que siempre me va a perseguir.
Es todo cuestión de tiempo
Que se agrieten los caminos
Que se fundan con el viento
Restos de lo que hemos sido.
Es un tic tac incesante
Y un gran nudo en la garganta
Es tus notas bien distantes
Cuando tu voz se atraganta.
Seremos simples esbozos
Un boceto mal trazado
Las huellas de los destrozos
Que hubimos alimentado.
Es el temblor en mi espina
Cada vez que un día te miento y
Cubro lo que se avecina:
Que es todo cuestión de tiempo.
Ojalá entendieras por qué necesito el feminismo
cuando noto la polla de tu amigo contra mis nalgas
y cuando te lanzo una mirada fulminante
para que no te vayas y no me dejes a solas con alguien
que probablemente, no vaya a violarme
y que probablemente, si quisiera pudiera hacerlo.
Ojalá entendieras por qué necesito el feminismo
cuando el sexo me da miedo y me encanta a partes iguales
y que cuando me encanta, es porque al fin ha llegado alguien a quien le importa
algo más que mis falsos gemidos
y que cuando me da miedo, es porque de nuevo han llegado
esas imágenes del pasado
que me congelan
y entonces el más mínimo roce, duele.
Ojalá entendieras por qué necesito el feminismo
cuando llegue alguien a preguntarme
por qué he escrito estas líneas
y yo le diga, convencida y con miedo de estar exagerando,
que realmente, lo que es pasar,
no me ha pasado nada.
Ojalá entendieras por qué necesito el feminismo
cuando sé que en el fondo tienes miedo
de que me enamore de un tío como tú
y te niegas a aceptarlo cuando aun así
vas tratando de protegerme de todos
los mirones de la sala.
Ojalá entendieras por qué necesito el feminismo
cuando no soy capaz de abrir la puerta del portal a la primera
porque mi mano tiembla bajo la sombra de aquellos que pasan
probablemente sin percatarse de mi presencia
y que la mayoría de las veces, no hacen nada
pero bien otras veces
silban, vacilan y piropean
y a mí por suerte, nunca nada más,
no como a muchas otras.
Ojalá entendieras por qué necesito el feminismo
cuando ves el dolor en mis ojos cada vez
que te ríes de esos conceptos que ni siquiera entiendes
de esas mujeres a las que ni siquiera lees
de esas cosas que ni siquiera te replanteas
y me ves bajar la mirada y quedar en silencio
porque tu posición es tan cómoda
que bajar de ella sería
casi un poco, estar a nuestro nivel
y ya sé que eso no te gusta.
Ojalá entendieras por qué necesito el feminismo
si yo te explicase que,
si hoy en día pienso como pienso
y soy como soy
es por culpa de muchos como tú
que me habéis hecho
necesitar
el feminismo.
Éramos un buen equipo
El mejor de los equipos
La mayor de las sinergias
El más fuerte de los imanes
Y la mejor excusa para no preocuparse de más ni de menos
Teníamos todas nuestra posición
El marcador se apuntó cinco goles
Y ganamos una liga injusta
Una liga en la que luchas
O en la que te silencian y te oprimen de por vida
Éramos la perfecta combinación
De locura y sensatez
De frenesí y de paz
Éramos lo que me enseñó a ser más yo
Y menos lo que dicen que debo ser
A adentrarme en mí y no asustarme
Cuando acepto que en realidad lo que siempre había visto no debe ser odiado
Sino respetado
Y conocido
Y amado
Me conocí a mí a través de vosotras y vuestra paciencia eterna
Éramos la superación de lo insuperable
El juego de romper reglas
Que no podían romperse
Y de crear reglas que nadie imaginó
El equipo del contagio
De las noches largas
Del amor desmesurado
De la sinceridad excesiva
Y de los largos tragos
Las diferencias nos exclamaban
Y salían a flote entre sus gárgaras
Y los rumores
Y las risas
(Las nuestras)
Diferencias desde el primer instante
Diferencias que algunos creyeron
Demasiado importantes
Diferencias que unen
Que traen curiosidad y respuestas
Y rompen prejuicios y monotonía
De este mundo absurdamente intolerante y aburrido
Éramos el equipo más fuerte del mundo
Y nos paramos más goles en tres meses
Que los que vosotros pararéis en tres años
Cuando os preguntéis qué es lo real que habéis vivido
Cuando os fuisteis un año fuera a vivir solos
Y conocísteis a todos
Menos a vosotros mismos.
Hoy he soñado que te tenía en el asiento de enfrente
Como la silueta de un fantasma
Y que te estirabas y buscabas mi mano y volvías a dormirte
Hoy he creído que era un sueño por no creer en realidades inicuas
Porque quiero la paz en mi vientre
La serenidad de mi respiración en tu pecho
Vívido, valiente y estremecido por el oleaje de mis noches
Hoy soñaré que me desvelas
Y que memorizo facciones abruptas y pensamientos volátiles
Que luego desaparecen
O bien quedan
Porque la verdad es que hoy, por suerte o por desgracia, voy a dormir
Y voy a callarme todo lo que sueñe
Y cuando me despierte
Me estiraré y buscare tu mano
Y en su ausencia volveré a dormirme.
Créeme, yo sé cómo se siente
yo sé cómo duelen estas entradas, y estas salidas
yo sé cómo confunde tanto impulso
yo he estado en la posición donde tú te encuentras ahora
y ojalá volviera a ella mil y una veces
¿pero sabes qué? en realidad no somos tan distintas
ni nuestras posiciones son tan contrarias
sólo es un juego de trincheras
a ver quién aguanta más
antes de lanzar nuestros misiles
no sé si tú llevabas el mismo tiempo que yo
deseando que lanzáramos esos aviones
y se estrellaran
no sé si yo llevaba el mismo tiempo que tú
deseando tenerme frente a frente totalmente dedicada
y aunque intente hacerte creer
que esto es una rutina
y que te voy leyendo los pasos
en realidad, eres tú la que me los lee a mí
no sé si me creerás cuando te diga que yo estoy
tan perdida, tan perdida
y que no sé qué viene después
2: all the luck in the world
sonaba para mí desde tus dedos hasta mi tráquea
y tú respirabas
y yo respiraba
y luego había
silencio
y tú volabas, volabas...
No sé cómo controlar la de sensaciones que estoy teniendo hoy. No sé si es normal estar sintiendo tantas emociones diferentes hacia tantas personas tan diferentes y con contextos tan variados. Ni siquiera sé por qué me pregunto esto a estas alturas, si esto tiene que ver con el poliamor, o si más bien con tener muchos pajaritos en la cabeza.
Me siento
- triste por no volverle a ver, que casi me hizo llorar con su generosidad, que me encantó demasiado, mal conmigo misma por estar triste por ello
- mal por ella, por lo jodidamente cabrona e injusta que he sido
- bien por él, por aquellas rastas, por aquella voz, por aquel momento en el que me pasó ese número, por las ilusiones que vuelven, por quienes se arriesgan y se lanzan
- bien por ese abrazo que por fin él quiso darme, por ese "volveremos a vernos", por darme esperanzas
- mal por ella, porque me ha pedido que duerma con ella y no lo he hecho, porque hoy me ha necesitado más que nunca, y hoy hemos estado más cerca que nunca, y me hace sentir rara y extraña y emocional, porque sólo quiero cuidarla, porque sólo merece ser feliz
- preocupada por ese gato que pasará el resto de las noches escondiéndose de locas como nosotras bajo los coches
- bien por él, por lo ilusionado que está, por lo feliz que le veo; mal porque sé que puedo estar haciéndole daño
- y, en definitiva: feliz de volver a estar sintiendo algo. Feliz de volver a estar viva.