Ojalá pudiera aún verte
como un día creí que eras
en las benditas esperas
que me sabían a muerte.
Y ahora no hay quien intente
devolvernos a ese estado
pues todo lo que fue dado
es algo que ni yo entiendo;
cuanto más fuerte el estruendo,
yo más te quería a mi lado.
Si no fue lo que sentías
ni tampoco mis torpezas,
me romperé la cabeza
en las noches más vacías,
fingiendo que aquellos días
fueron simplemente un juego,
volviéndome, como el fuego,
cada vez más encendida.
Soy una desconocida
para tu impasible ego.
Al menos no fui valiente;
no pude ni intentarlo.
No me dio tiempo a salvarlo,
ni llegó a ser suficiente.
Ahora arden en mi mente
tus salvajes ironías
convirtiendo en poesías
tu mirada y sus contrastes.
Por suerte no te dejaste
querer como yo quería.
-Y con ello, me salvaste.-