En la verticalidad te enfrento entero:
me alejo, me acerco,
recojo de frente todas tus señales,
me pierdo en cada vértice
de los gestos con los que me callas.
Prefiero compartir en el plano horizontal;
te deseo transversal sobre mi ombligo,
trazando la intersección hacia mi centro,
circundando la figura en la que nos convertimos.
Y me atraviesa tan solo imaginar
el momento de hallarnos en paralelo,
ser rectas que avanzan, de pendiente idéntica;
dos trayectorias exactas que jamás se tocan.
Tan próximas que nunca abandonan su órbita,
tan lejos que cabría entre las dos
la geometría de todo el universo.
Tardé tiempo en comprender
que siempre seré tu tangente,
ligeramente, siempre,
a un solo roce de tu infinito.