martes, 28 de julio de 2015

Veinticinco al irte

Hoy te escribo desde el indeleble miedo que me inunda. Y te doy la bienvenida. Te escribo desde la incertidumbre de un comienzo inesperado. Sabiendo que llegaste por sorpresa, a derrumbar las nociones del espacio y el tiempo, a derribar esas reglas especialmente determinantes. Has llegado y con tu llegada has iluminado un nuevo camino a tu paso, dentro de este nuestro caos. Vengo a rogarte que me hagas entenderlo todo, o al menos, hacerme olvidar su cordura. Porque ahora nada es cuerdo, y cuando creí que sólo necesitaba algo de informalidad, llegaste. Y olvidé que quería ser libre, y a la vez es cuando más quiero serlo.

Atrás

A veces las miradas hacia atrás son tormentas. A veces son suspiros de alivio. Encontré en ti el dulce término medio que se ocultaba entre derrotas y escalofríos. Contadas ocasiones me hicieron cerrar los ojos en la aurora, de historias inacabadas por el miedo a murmurar. Historias de mentiras, de luchas, de mordazas y un egoísmo tan necesario como acaparador y ruin. De repente quiero la libertad que supone estar en ti, y sobre todo, estar en mi. Quiero la libertad que tú, y no otro puede darme.
A veces el alivio es simplemente descubrir que existes. Y la calma tras la tormenta no es ese sueño improbable e idílico si estás cerca. Por eso ahora miro hacia atrás con el orgullo y la tranquilidad de quien da un ciclo por cerrado. Porque ahora puedo, porque ahora quien escribe la historia soy yo.