he escrito ya cientos de principios que tratan de describirte
pero al final siento que ninguno te hace justicia
o que más bien no soy yo la que tiene las palabras
para relatarte.
he escrito cientos de líneas que me suenan todas iguales
con una única variante
esta vez, no me apetece escribir de desmesura ni de
esa dosis de extravaganza
que aquello que toco de alguna forma siempre tiene
porque en ti se halla la cordura
que jamás creí que en un momento a mí se amoldaría.
no puedo hoy hablar de morir de amor
como tantas veces canté al unísono
con un Joaquín de voz ajada y sinuosa
ni tampoco puedo hablar de llamas inapagables
ni de escondijos ni de secretos
que normalmente tanto disfruto en este medio de ellos liberándome.
puedo hablar, entonces,
de esas ganas que a veces vacías quedan
y que reprimo primeramente por mí,
seguidamente por ti,
de hacer todo como siempre lo he hecho,
con demasía, con lujuriosa gracia,
con la osadía de quien sabe que lo tiene
todo por delante.
pero puedo hablar también
de los placeres que se esconden en esta
dichosa y delicada forma
de hacer las cosas,
de cómo la dificultad de verlo todo diferente
vuelve a mí para traerme recompensas
para mostrarme un lado oculto e ignorado
más claro, con menos lecturas
y con más calma.
y por último pero sobre todo,
puedo hablar de cómo hablarte,
puedo hablar de cómo liberarte,
de cómo verte, de cómo querer sin asediarte.
todo lo que tenga un "te", que sea porque quieres,
que sea porque quiero y lo sabes,
que sea porque merece la pena
olvidarnos de la defensa de un insulso estandarte,
que si hablo de ti, que lo hable sin miedo
y que si no es esa vez de ti de quien hablo,
que sea
aún con menos miedo.