Una parte de mí desearía no arrepentirse de haber sellado ese pacto con un apretón de manos. De esos breves instantes justo antes de la descarga que me dejaría afectada de por vida. Del cosquilleo. De disfrutar de retirar uno a uno cada uno de los botones de esa camisa, y de respirarte. De sonreír al escuchar que hacía mucho que no te besaban como lo hice yo.
Me he aliado con el diablo, y en este pacto, tenlo por seguro, si uno cae, caeremos los dos.
Aquella mañana las colillas caían, en un acompasado vaivén, una a una del nueve al cero. Y siento que ahora, yo me he convertido en una de ellas. Me encuentro justo en ese instante previo al golpe contra el suelo, y revoloteo entre los balcones. Estamos en tiempos de aires revueltos, y según tu fuerza, y el giro de tu muñeca, me muevo a tu compás, sigo tus órdenes, jamás pronunciadas, pero eternamente presentes y casi inherentes al aire por el que me muevo, mi medio.
Mi paseo es sólo un tiempo de espera hasta que llegue alguien a pisarme, y sólo espero, de todo corazón, que no seas tú.
Pero te recuerdo, y te recordaré cientos de veces... que si uno cae, caeremos los dos.