lunes, 7 de abril de 2014

No me hables

No me hables de sus besos. No me hables de cuando sonreía, de cuando no eran ceniza las inmensas copas que ardían rozando el cielo. De cuando era la luz blanca que iluminaba a aquella viajera perdida, obsesionada con un difuso horizonte. De cuando no dejaba lívido su corazón gris, de cuando el tumulto en su pecho no sobresalía con el frenesí de quien ha sido coartado de por vida, de cuando cruzaba el río de piedra en piedra, cuando arreglaba el desorden de un solo movimiento, y la alzaba por los aires para luego unir sus distantes pedacitos. No me hables, porque no quiero volver a sentirme presa de su nombre, porque no quiero encerrarme en cada recuerdo, porque soy ya la fugitiva de sus huellas, que a pisotones recorrieron cada punto más allá del cielo y del suelo. Porque el miedo ya carece de sentido, se me queda pequeño, si pienso en echarle de menos, en todos los días que su recuerdo seguirá robándome.

Todo será viento cuando me olvide de su nombre. Pero por ahora, hazme un favor... no me hables.