viernes, 25 de diciembre de 2020

Siempre me va a perseguir

Esta culpa me va a perseguir siempre, como un rayo incesable y sagaz que conoce mi camino mejor que yo misma. 

Hacer sacrificios. -¿Qué es un sacrificio?-. No herir. No herir, no herir, no herir. Eres una hija de puta. Vas a hacerles daño. Les harás añicos, como a todo lo que tocas. 

Que si pienso en mi por eso, que si no, por todo lo contrario. Que si mi poder está en hacer daño, que si se halla ahí el ingenio, no hay nada que hacer. Porque mi destino está escrito, y el diablo me aguarda en sus mejores sueños.

El daño que hago cuando no hago daño. El daño potencial. El daño de antes del daño. 

A veces me pregunto si estoy tratando de hacerle un favor a quien me mira o si en realidad solo me lo hago a mí misma. ¿Sales más damnificado cuando es a mí?

Si la empatía en exceso en realidad es dolor... ¿Duele más la precisión o la opacidad?

¿Son mis huellas selladas en tu espalda las que tomaron la daga de tu última noche?

Vivo toda mi vida fingiendo ser la protagonista de una obra aparente. Una obra fúnebre cuyos espectadores deben terminar de armar los hilos. Que narrarán en sus cabezas. Uno a uno. Que marcarán con su tinta en mi sien.

Y así quedará escrito. 

El día de mi despedida, cuando sucumba a los encantos de la lóbrega llama, ¿qué quedará?

Confío en que queden los rayos entre las sombras. Que verme arder haga morir cada pecado. Que no quede en mi un ápice de vildad. Que coloque sobre mí quien me ha amado un níveo manto que esconda y haga olvidar cada impureza. 

Que por fin pueda ser libre de lo que siempre me va a perseguir.

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