El latido es el que marca
el ritmo que lleva el tiempo,
y no es esta vez el viento
quien arrastra nuestras arcas.
Hoy mi pecho todo abarca;
desde la calma que anhelo
me quedo observando el cielo
mientras yo canto y tú bailas.
No dejaré ya que caigas
ni tú que me vuelva hielo.
Seremos tú, yo y el mundo
observado desde fuera,
tendremos un día cualquiera
el descanso más rotundo,
cuando alcance lo profundo
y encuentre al fin en tus ojos
retirados los cerrojos
del pasado contenido.
Construiré contigo un nido
para sernos sin despojos.