No sé cómo controlar la de sensaciones que estoy teniendo hoy. No sé si es normal estar sintiendo tantas emociones diferentes hacia tantas personas tan diferentes y con contextos tan variados. Ni siquiera sé por qué me pregunto esto a estas alturas, si esto tiene que ver con el poliamor, o si más bien con tener muchos pajaritos en la cabeza.
Me siento
- triste por no volverle a ver, que casi me hizo llorar con su generosidad, que me encantó demasiado, mal conmigo misma por estar triste por ello
- mal por ella, por lo jodidamente cabrona e injusta que he sido
- bien por él, por aquellas rastas, por aquella voz, por aquel momento en el que me pasó ese número, por las ilusiones que vuelven, por quienes se arriesgan y se lanzan
- bien por ese abrazo que por fin él quiso darme, por ese "volveremos a vernos", por darme esperanzas
- mal por ella, porque me ha pedido que duerma con ella y no lo he hecho, porque hoy me ha necesitado más que nunca, y hoy hemos estado más cerca que nunca, y me hace sentir rara y extraña y emocional, porque sólo quiero cuidarla, porque sólo merece ser feliz
- preocupada por ese gato que pasará el resto de las noches escondiéndose de locas como nosotras bajo los coches
- bien por él, por lo ilusionado que está, por lo feliz que le veo; mal porque sé que puedo estar haciéndole daño
- y, en definitiva: feliz de volver a estar sintiendo algo. Feliz de volver a estar viva.
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