jueves, 3 de octubre de 2013

Pequeña reflexión

Voy hacia allá, tomando aquel camino por el que siempre pasas y el cual me prohibí pisar, -advertencias que prefiero fingir que he olvidado-, y sólo lo hago por si de casualidad me encuentro contigo y de esa forma quizá después pueda intentar hacerme creer a mí misma que aquello es un error y que no quería que ocurriera, que realmente intenté evitarlo, que realmente me arrepiento. Esperaré al momento en el que decidas volver para decirme algo como "qué guapa vas hoy", de forma que sólo podré olvidarme de cuánto creí odiarte y podré retirarme a mí misma el castigo de no pasar por aquel camino en el que nos encontrábamos cada mañana. Excusas premeditadas para tener un pretexto de por qué volví.

Así somos las personas, no nos vale la simple justificación de "lo hice porque quise hacerlo"; no, preferimos ir más allá, planear perfectamente lo que va a ocurrir para que todo se asemeje a la imagen que queremos dar de lo ocurrido, aquello que querríamos ver desde fuera. Pero no son más que excusas. Excusas para nosotros mismos. Para no sentirnos culpables.

Las palabras de los demás no sirven. Lo que ellos vean desde fuera, no sirve. La única respuesta, los únicos motivos... siempre los tendrás tú.

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