miércoles, 8 de junio de 2016

hieres

hieres
y lo haces con el veneno más letal
derribas las trincheras, las banderas, y al borde de lo que quisieron llamar tu patria no se alza más que un armazón de hierro, que te roza y te quema, que te hace borbotar hasta la última gota de saliva y expulsar todo el aire, que hace que se te torne imposible respirar profundo, porque quemas como si llevases toda la vida al fuego lento esperando este momento, incandescente, como una llama
porque llegas y como poseidón hincas tu tridente en la roca
y como arturo vuelves y lo retiras como si no hubiese pasado nada
y haces fuego y chispas y todos te miran cual venus de botticelli
y todos quieren ser picasso y klimt y velázquez
para poder pintarte a su manera
siendo imposible dejarse una sola gama de color
para pintar tus ojos de hielo y de sangre
hieres
con una maldad inocente y delicada
que se rompe justo antes de llegar al suelo
haces no querer ser y a la vez, haces querer ser todo lo que enseñas
y lo que sale por tu boca no es nunca menos de lo que escondes
tus afilados dientes me atormentan cada noche
y es tu mano quien sujeta ese puñal
que me deshizo una vez, y entre el alambre
me escapé y huí de las brujas
que sólo hacían gritar tu nombre
ni una emboscada podía contigo. ni una emboscada
me quisiste como a nadie
me obligaste a quererte son tu seducción sinuosa
me obligaste a desearte como nunca deseé
me arrebataste la inocencia de un disparo
y la claridad
y ahora hieres
por todo lo que no soy, por todo lo que me has dado, por todo lo que me has quitado, porque la primera víctima eres tú misma, por eso mismo
hieres

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