Puede que yo no fuera la persona correcta
Pero hay algo sobre nosotros que tengo que decir
Porque, de una forma u otra, hay algo entre nosotros.
Nos hemos hecho cómplices del silencio. De nuevo. En la misma habitación, sobre los mismos miedos.
Nos hemos estancado en la estúpida costumbre de mirarnos de reojo. De quitar la mirada para que jamás coincida. Porque quema y porque hace ceniza lo que sea que quede. Si es que queda.
Déjame devolverte todo aquello que jamás tuvimos, pero que robábamos de vez en cuando de quienes no lo querían. Cuando te busco oigo a gritos mi nombre. Ahogo mi garganta en deseos que nos pedía la madrugada a nosotros. Éramos su entretenimiento. Y ella nuestro escondite. Y ese pacto con el diablo nos llevó a la derrota. Una derrota insípida, una derrota sin culpables, sin culpa, sin dolor. Sin coste alguno. Sólo una derrota y cientos de palabras en el cielo. Perdidas. Incoloras. Sin tener boca a la que volver para expresarse.
El silencio que te arrastra es tu mordaz veneno. Estás solo. Y tu mirada no dice nada. Y sé que a veces me buscas, pero no me encuentras. Y sabes que a veces te busco, y que me busco a mi. Sé que te gustan los cabos sueltos y las puertas abiertas. Y yo soy un millón de puertas abiertas cuando me poso en tus sentidos, y a la noche en mi cama me convierto en el pájaro que se vuelve a encerrarse en su jaula y posa encima una tela para no ver la luz. Que nadie entre. Ni siquiera tú.
Sé que sabes todo lo que me queda por decir, y lo que no diré jamás. Una parte de ti se esconde aún entre mis brazos, y me hace recordar que esa estúpida sensación existe. Yo no he podido cruzar ese puente que te prometí. De un tiempo a esta parte vivo en el río que lo separa. Que nos separa. Y aquí estoy bien.
No vuelvas a fingir que no me ves. No vuelvas a fingir que no sabes absolutamente nada. Pero no vuelvas. Porque sé que, de una forma u otra, hay algo entre nosotros. Porque sabes que, de una forma u otra, hay algo entre nosotros.
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