viernes, 4 de diciembre de 2015

Cerezos sin flor.

Si pudiera pedirte un favor, sólo uno, te pediría, te rogaría, que no esperases nunca jamás nada de mí. Puedes esperar que pase la noche abrazada a ti, pero jamás esperes encontrarme por la mañana. Te juro que voy a besarte como jamás lo han hecho, que pondré sobre ti una pasión que desconoces; pero no esperes un beso de despedida, no me esperes cuando estés sola de madrugada, no esperes que lo cambie todo por ti. No puedo hacerlo. Y será injusto, porque te juro que cuando te abrace lo haré con la fuerza de quien sabe que lo bello es sencillamente efímero, porque pensarás que no es justo acariciarte durante toda la noche, observarte dulcemente dormir como si de tu cuerpo florecieran pequeñas margaritas. Yo sé que no es justo, pero he aprendido que nada lo es. Que nunca he visto la justicia reflejada en mí. Y eso también es injusto. Igual que lo serían cualquiera de mis decisiones. Seré injusta contigo, y por eso te lo advierto. No me esperes correcta y formal, ni a la hora punta, ni con un regalo de Navidad, ni pidiéndote como deseo al pasar esa estrella. Y perdóname si te beso cuando no debo hacerlo. Si me adelanto. Si luego no quiero volver a hacerlo. Perdóname con antelación, pero siento decirte que por primera vez en mi vida, pienso tener que pedirle perdón a alguien antes que a mí misma.

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