Hoy es la nada la que se pierde entre la niebla, hoy son los rayos del sol los que se esconden. Hoy se apaga la antorcha que a tantas veladas de estrepitosa tormenta sobrevivió. El aliento anhela tu boca caliente, mis ojos van ciegos buscando tu hombro para poder agarrarse, y de nuevo entre mis dedos aire, en mi boca la sed de no encontrarte.
Hoy te fuiste, o quizá fue antes, hoy soñé que me perdía en tu olor infinito, y que las estrellas me despertaban a medianoche al notar tu ausencia, hoy dejamos de ser uno para ser dos, y aun siendo más perdimos algo de nosotros, perdimos una luciérnaga en la luna nueva, una mota resplandeciente, que iluminaba el universo inexplorado, en su inexorable intento de hacerse un poco más grande.
Hoy llueve en mis ojos, limpiando los horizontes, y dejando impolutas las calles que recorrimos, y con las huellas cada uno de los viajes que hicimos en los mismos vagones de siempre, trenes descarrilados por ir demasiado rápido. Yo buscaba pasos pequeños, yo buscaba desnudarte lento para descubrir una parte nueva de ti cada día, yo quería una puesta de Sol inacabable y espuma entre mis manos, yo no quería ni dulce ni salado, quería algo más de ti.
Pero el viento se llevó los castillos que construimos, las olas inundaron mi mansión inmensa, y ahora somos yo, la lluvia, y las cenizas de lo que pudo ser un cuento inacabable, si no fuera porque hoy somos nada, porque ni tú ni yo estamos vivos.
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