jueves, 8 de agosto de 2013

Crying lightning

Hacía mucho que no lloraba por ti. No sé, supongo que veía las cosas demasiado claras, demasiado seguras. Hoy estoy aquí de nuevo, derramando lágrimas por ti. Y me pregunto realmente por qué lo hago, por qué lloro, si esto es tan solo una confirmación de la realidad. Es como darse de bruces con aquel cartel de "ATENCIÓN" que siempre habías tenido ante tus ojos, ese que no quisiste ver, pues a veces lo que parece más bueno es lo que más te tiende la trampa y te deja ciego.
Tú, señor de la ambigüedad, supongo que no se me da tan bien como a ti, así que no usaré los mismos trucos. Nunca los usé. Nunca creí necesitarlos, hasta que te conocí.
Podría decirte simplemente, de forma clara, que siempre tuve miedo. Podría decírtelo. Podría rendirme, podría irme, podría hacer tantas cosas que nunca he hecho.
Podría simplemente haber preguntado. Pero el miedo a que la respuesta sea aquella que tanto tememos escuchar es lo que nos echa hacia atrás en el último momento.
Como se nota que tú nunca te has sentido así. Tú nunca has sido una segunda opción.

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