Me perdí en un cruce de palabras, en algún idioma extraño que sólo conocíamos tú y yo. Me perdí entre las sombras que ocultaban las heridas que tanto me cubrieron. Y mientras allí estabas, observando desde la periferia. Las luces del exterior te hacían parecer tan perfecto. Yo te creía frágil, pero la frágil era yo.
Todo se consume en un instante, como las tornados que avanzan para arrasar con todo a su paso para después irse, y dejarlo todo así, echo un caos, como si no importara. Recordarte es como recordar el paso de ese tornado que se llevó parte de mí, y parte de nosotros. Que lo movió todo a su antojo, que destrozó hasta los más fuertes cimientos, dejando sin vida lo más vivaz que quedaba de mi alma.
Pero tan rápido como llega, se va. Y vuelve la calma. Vuelve la vida y vuelven todas aquellas cosas bellas que recordamos. Las noches dulces de bohemia pasan demasiado rápidas, sin darte tiempo a pensar en todas aquellas que pasaste recogiendo las piezas de lo derruido. Esas tormentas de verano que no te dejaban dormir.
Si te vas de pronto hace frío. Pero ese frío que cala hasta los huesos, que apenas te permite moverte.
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